Desde mediodía, una enorme cacerola humea e impregna de olor toda la Oficina Precaria. Mientras se acaban las obras que están adecentando la cocina, el ordenador y el lugar donde se recibe a quienes tienen consultas legales, conviven con los fogones. Hoy hay garbanzos. "El chorizo y la morcilla van aparte, hay que respetar las costumbres de los musulmanes" me explica Joaquín, el cocinero, un chico de unos treinta años que lleva cuatro meses sin consumir drogas: "Estar aquí me hace sentir bien, tengo una ocupación, hago un bien al prójimo y me ayuda a mí mismo".
Solidaridad, comedor social, multiculturalismo, reinserción, prójimo, atención jurídica... Eso es Er Banco Güeno del barrio de la Palmilla, en Málaga. Antiguamente era una sucursal bancaria de Unicaja, pero hacía más de ocho años que estaba abandonada. Por eso los vecinos de la Palmilla decidieron ocuparla el día de la huelga general, y desde el 12 diciembre, día en el que se establecieron definitivamente, han dado más 8.000 comidas y atendido a más de 600 personas. Se sustentan con donaciones particulares, de empresas y con excedentes de supermercados. Si alguno tiene que poner 10 euros de su bolsillo para que un día no falte comida, también lo hacen. "Lo de llamarle Er Banco Güeno no fue difícil; era un banco, y justo coincidió con que entonces se creó el Banco Malo, así que dijimos, pues que este sea el banco güeno", me explica Fali, uno de los voluntarios que se dedica a cuestiones administrativas.
Hoy he pasado el día entero con ellos haciendo un reportaje para A la Calle (el programa para el que trabajo) y a la vez, absorbiendo y aprendiendo de todo a mi alrededor y derribando muros sociales con respecto a la Palmilla. En este punto, los malagueños me entenderéis mejor que nadie.
A primera hora, ya olía a café. Decenas de vecinos pululaban por allí, unos sirviendo, otros recogiendo, algunos limpiando los restos de la obra que unos albañiles les han hecho gratuitamente en la cocina... A las 13 han llegado las primeras personas en busca de un plato caliente: "Yo duermo en el coche, no me queda nada; ni dinero, ni casa. Aquí encuentro un plato de comida y gente buena con la que hablar. La soledad es muy mala", me cuenta Antonio, un santanderino de 50 años con formación e idiomas y en paro. "Yo, si no fuera por Er Banco Güeno no tendría qué comer, antes de que aparecieran, lo pasaban muy mal", confiesa Mateo, un auxiliar de farmacia de 52 años que lleva cuatro años sin trabajo. Entre medias me presentan a El Chule, el gitano más respetado y conocido de la Palmilla, el responsable del centro de desintoxicación La Casa de la Buena Vida y desde el principio, vinculado también al proyecto de Er Banco Güeno. Ex toxicómano, lleva 16 años dedicado a proporcionarles ayuda y un hogar a quienes están tratando de salir del mundo de la droga y no tienen recursos*.
La jornada continúa bajo un sol de enero "malagueño" que calienta el ánimo. Después de comer y recoger, el olor a café vuelve a impregnarlo todo. Comienza ahora el turno en la Oficina Precaria, la han llamado así porque ocupa el espacio de la antigua oficina del director de la sucursal. Aquí es donde se recibe a quienes tienen dudas jurídicas (desahucios, pleitos, impagos, multas, custodias, etc). José Cosín es uno de los tres abogados que ofrecen su tiempo y sus conocimientos de forma altruista: "El objetivo es que esto se autogestione, que sea total cooperativismo. No es caridad, es solidaridad con la gente; hay que conseguir que la gente se empodere, que recupere espacios que habían perdido. Ellos necesitan colaboracion, pero desde un plano de igualdad". José sigue ejerciendo de abogado comercial para poder sustentarse económicamente, pero la mayoría del tiempo se lo dedica a esta oficina y al 15M, tanto, que se ha mudado a la Palmilla. Su activismo con camisa de cuadros derriba clichés.
A lo largo del día coincido con una pareja mayor se ha acercado a conocer las instalaciones y el funcionamiento del banco; están dispuestos a hacer donaciones periódicas. También veo a una mujer que se baja rápidamente de su coche y le alarga una bolsa bien surtida a un chico en la puerta: "Son legumbres, he leído en facebook que os hacían falta". Entonces me viene a la mente una idea que no por manida es menos verdad: aún con la crisis, siempre hay gente dispuesta a dar.
Les dejo cuando va a comenzar la hora de la cena. No sé qué se cuece en la olla, pero me llevo una certeza: sea lo que sea no sólo alimenta estómagos, también alimenta almas.
A primera hora, ya olía a café. Decenas de vecinos pululaban por allí, unos sirviendo, otros recogiendo, algunos limpiando los restos de la obra que unos albañiles les han hecho gratuitamente en la cocina... A las 13 han llegado las primeras personas en busca de un plato caliente: "Yo duermo en el coche, no me queda nada; ni dinero, ni casa. Aquí encuentro un plato de comida y gente buena con la que hablar. La soledad es muy mala", me cuenta Antonio, un santanderino de 50 años con formación e idiomas y en paro. "Yo, si no fuera por Er Banco Güeno no tendría qué comer, antes de que aparecieran, lo pasaban muy mal", confiesa Mateo, un auxiliar de farmacia de 52 años que lleva cuatro años sin trabajo. Entre medias me presentan a El Chule, el gitano más respetado y conocido de la Palmilla, el responsable del centro de desintoxicación La Casa de la Buena Vida y desde el principio, vinculado también al proyecto de Er Banco Güeno. Ex toxicómano, lleva 16 años dedicado a proporcionarles ayuda y un hogar a quienes están tratando de salir del mundo de la droga y no tienen recursos*.
La jornada continúa bajo un sol de enero "malagueño" que calienta el ánimo. Después de comer y recoger, el olor a café vuelve a impregnarlo todo. Comienza ahora el turno en la Oficina Precaria, la han llamado así porque ocupa el espacio de la antigua oficina del director de la sucursal. Aquí es donde se recibe a quienes tienen dudas jurídicas (desahucios, pleitos, impagos, multas, custodias, etc). José Cosín es uno de los tres abogados que ofrecen su tiempo y sus conocimientos de forma altruista: "El objetivo es que esto se autogestione, que sea total cooperativismo. No es caridad, es solidaridad con la gente; hay que conseguir que la gente se empodere, que recupere espacios que habían perdido. Ellos necesitan colaboracion, pero desde un plano de igualdad". José sigue ejerciendo de abogado comercial para poder sustentarse económicamente, pero la mayoría del tiempo se lo dedica a esta oficina y al 15M, tanto, que se ha mudado a la Palmilla. Su activismo con camisa de cuadros derriba clichés.
A lo largo del día coincido con una pareja mayor se ha acercado a conocer las instalaciones y el funcionamiento del banco; están dispuestos a hacer donaciones periódicas. También veo a una mujer que se baja rápidamente de su coche y le alarga una bolsa bien surtida a un chico en la puerta: "Son legumbres, he leído en facebook que os hacían falta". Entonces me viene a la mente una idea que no por manida es menos verdad: aún con la crisis, siempre hay gente dispuesta a dar.
Les dejo cuando va a comenzar la hora de la cena. No sé qué se cuece en la olla, pero me llevo una certeza: sea lo que sea no sólo alimenta estómagos, también alimenta almas.
*La Casa de la Buena Vida merece un post y un reportaje aparte. Espero poder hacerlos algún día.


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