viernes, 11 de enero de 2013

Poli bueno, poli malo.


No son buenos tiempos para la policía. No solo porque, como el resto, son ciudadanos y están perdiendo calidad de vida ante tanto envite social (educación, sanidad) y medidas de austeridad; no solo porque además son funcionarios y su bolsillo se resiente sin la paga extra y con unos sueldos congelados desde hace dos años; y no solo porque el Cuerpo de Policía está siendo objeto de una desidia gubernamental que hace que no tengan un chaleco antibalas por efectivo (a no ser, eso sí, que quieran pagar ellos los 1.000 euros que cuesta) o que los coches patrullas se estropeen y no se recambien, o simplemente, que a veces no tengan ni tinta para imprimir las denuncias.

No son buenos tiempos para ellos no solo por (todo) esto. A pesar de que lo que acabo de enumerar revierte en una merma de la seguridad para los ciudadanos, el verdadero culpable de la pérdida de popularidad de la policía en estos últimos años es la UIP (Unidad de intervención policial) y sus efectivos: los archiconocidos antidisdisturbios.


Desahucio de Juan Carlos en el barrio de Moncloa. Los antidisturbios impiden que los activistas de la PAH pueda ayudarle a frenar el desahucio. Juan Carlos (con camisa blanca) perdió su casa.

Es característico de estos tiempos convulsos que mucha gente asocie la policía a esta unidad especial y que se olviden del policía que patrulla los barrios, del que te atiende cuando denuncias que te han robado la cartera, del que acude a un domicilio en el que se está produciendo un caso de violencia de género, o de aquellos que luchan contra las mafias organizadas y desarticulan redes de tráfico de drogas. Es pensar en la policía y traer a la mente la imagen de un antidisturbio porra en mano. Y no me extraña, porque muchos se lo han ganado a pulso.

Trabajo cubriendo historias sociales: manifestaciones, desahucios y protestas son ahora mi hábitat natural. Coincido con los antidisturbios casi cada semana y me he visto envuelta en los enfrentamientos del 25S y del 14N, entre otros. También me he cruzado con ellos en más de un desahucio. Y señores, desde aquí les digo, que al igual que rompo una lanza a favor del resto del cuerpo de policía, puedo decir que les he visto sobrepasarse y adoptar actitudes chulescas.


Antidisturbios disolviendo piquetes en Gran Vía el 14N

Sé que están entrenados para ello, pero no para de sorprenderme cómo aguantan los insultos y los lloros de la gente con una actitud tan marcial. Cómo son capaces de no conmoverse ante una familia que está perdiendo su casa y a la que ustedes mismos están sacando, a menudo a empujones, de la misma. O por qué el 25S hubo tanta violencia (eso sin nombrar el fenómeno #quesoycompañerocoño del que mi programa fue testigo), por qué usaban las porras indiscriminadamente, cuasi ciegos, golpeando a todo aquel que se ponía delante y al que no. Por qué, señores antisturbios, tuve miedo de ustedes y no de los cuatro radicales que iban buscando follón. Lo mismo digo del 14N, el sonido de los disparos de las pistolas de gomas me retumbó varios días en los oídos (disparos, que por cierto, tienen graves consecuencias: http://www.eldiario.es/catalunya/mujer-pierde-vista-impacto-disparo_0_69293273.html). También me pregunto sobre su actitud en los desahucios, aquellos en los que no han atendido a razones, o incluso en los que les he visto esbozar sonrisas - querría pensar que de nerviosismo - cuando una mujer les imploraba acceder a la casa que estaba a punto de perder.


En este desahucio, los antidisturbios impidieron la entrada de la afectada a su domicilio durante más de media hora. Finalmente la dejaron pasar. Evitaban mirar a la gente a la cara.

Me empeño en creer que bajo el autómata becerril que parecen ser, subyace el miedo a perder su trabajo, o una disposición aprendida a obedecer al poder establecido y a hacer cumplir las leyes, aunque sean injustas. Quiero creer también, que detrás de tanta visera y bota de punta de acero, hay alguno que es capaz de empatizar con lo que tiene a su alrededor. Y digo “alguno”, porque lo que también me ha quedado claro durante estos meses es que hay muchos que disfrutan con este trabajo y que les cuesta muy poco usar la porra.

Uno de los heridos el 25S. Era un padre de familia que acudió a Neptuno con su hijo adolescente para mostrar su descontento con la situación política y económica.

Y he aquí la dicotomía en la que me muevo. Poli bueno o poli malo. Hace poco entrevisté al Secretario General del Sindicato Unificado de Policía, José Manuel Sanchez Fornet, a raíz del último movimiento que han hecho mostrando su apoyo jurídico a aquellos compañeros que se nieguen a realizar un servicio en un desahucio. Ya es un paso, por cierto. Me contó el caso de un antidisturbio de Ceuta que durante un desahucio en verano, a 35º, no se subió la visera ni un momento. Luego supieron que fue su forma de ocultar las lágrimas que se le saltaban por contribuir a sacar a una familia con hijos pequeños de su casa.

Prefiero quedarme con esa imagen que tener que aceptar que sois el brazo ejecutor de un régimen que intenta imponer el estado del miedo del que, por cierto, ustedes son la “marca”.

Poli bueno o poli malo... Qué difícil me lo ponen.



PD: Aquí el programa sobre el 25S. El ejemplo perfecto de lo que hablo está en el minuto 23: http://www.youtube.com/watch?v=78E8dNq7FfE&list=PLlzpgkoN_0p-v5EfVIPzZ_7ms8PgYDWIC





1 comentario:

  1. Yo me muevo en la semidicotomía poli malo-poli regular. Te sorprendería el nivel de corrupción que hay también en otros cuerpos de la policía. El sindicato de policía es aún más corrupto y sibilino, al menos a los que pegan con la porra los ves venir.

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