viernes, 4 de mayo de 2012

#Periodigno y prozak

Ayer asistí a la concentración convocada por la Asociación de Prensa de Madrid para luchar por un periodismo digno, conincidiendo con el día de la libertad de expresión. Lo hice moralmente obligada por mi situación personal y por la colectiva. Personalmente porque soy periodista y llevo meses - demasiados - en paro, y colectivamente, porque veo a mi alrededor cómo muchos de mis compañeros de profesión encaran la misma situación que yo mientras la destrucción de puestos periodísticos no parece tener fin. Todo aquel periodista que ayer no estuviera trabajando y no asistiera a alguna de las manifestaciones que organizaron las diversas asociaciones de prensa por todo el país, demostró, en mi opinión, cierta insolidaridad con el gremio. La otra posibilidad es que esté tan desilusionado con la situación que no le queden fuerzas para luchar por la dignidad de nuestra profesión.

Sin embargo, a pesar de haber acudido sabiendo que hacía lo correcto, se me quedó cierta sensación agridulce. Quizás esperaba que hubiera más gente, o que el acto en sí durara más, o que se creara cierto "halo" de unión mientras coreábamos alguna consigna - que no hubo-, o simplemente, que el sonido de las intervenciones hubiera sido mejor. Pero el acto fue gris, como el día, y como nuestro ánimo.


Los periodistas en paro que estábamos allí compartimos espacio con figuras como Angels Barceló, Pepa Bueno, Monserrat Domínguez o Iñaki Gabilondo. Su presencia dignifica el acto, no digo lo contrario, pero su situación y la de muchos plumillas que estábamos allí es tan radicalmente inversa, que hubiera preferido cambiar su presencia por un centenar más de periodistas mileuristas o desempleados que conocen de primera mano el poco futuro que nos augura esta profesión. Me hubiera sentido más "hermanada" con el contexto.

Sin embargo, más allá de esta impresión personal, todo lo que allí se defendió es loable, tanto, como el propio hecho de haber promovido una reinvidicación que se extendió a la mayoría de las provincias españolas. Los periodistas somos poco de manifestarnos y de protestar, pero si ante situaciones como la que está viviendo el periodismo en los últimos años permaneciéramos impasibles, corromperíamos la ensencia misma de la profesión. Cruzo los dedos para que inciativas como esta supongan un cambio de tuerca en dos estratos: en el profesional, y sobre todo, en el mental. Porque si algo me quedó claro en las cañas post-manifestación, es que muchos compartimos el mismo estado bajo de ánimos, las mismas preocupaciones por la falta de ingresos, por la ausencia de estímulo intelectual, por los contratos fraudulentos, por la línea vacía en el CV, o por el esfuerzo no retribuido. Y eso amigos, solo se cura con trabajo... o con prozak.


Alguna de nuestras reivindicaciones

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